#APOYOALAESCUELA2.0
No apoyar la escuela 2.0 sería ir a contracorriente de la
realidad de este siglo XXI. Queramos o no, nos guste o no, la tecnología nos
rodea, nos supera, nos agobia, nos aliena, nos entontece, pero también nos hace
la vida más fácil, nos saca de más de un apuro, nos salva la vida, nos traslada
de una parte a otra del planeta, nos comunica con seres queridos que están a
miles de kilómetros, nos informa...
Las cosas como objetos no son ni buenas ni malas,
simplemente son, depende de nosotros el usarlas para construir o para destruir.
Y ahí es donde se nos presenta a los
docentes el reto de las nuevas tecnologías. Cómo usarlas.
Si usamos los ordenadores, los portátiles, las pizarras
digitales bajo el mismo paradigma que usamos el libro de texto: para transmitir
el conocimiento con el objetivo de que
se almacene en el cerebro del alumno, sin mediar implicación, reflexión,
interpretación, comparación, exposición, etc… entonces la tecnología en vez de
crear, desarrollar, transformar lo que hará será convertir a los usuarios en
seres cada vez menos humanos, menos capaces de comunicarse, de mirarse a los
ojos y de sentir empatía, menos generosos y más celosos de lo suyo.
Y ese no es el perfil deseable del ciudadano del siglo XXI, muy al contrario, la sociedad demanda ciudadanos creativos, flexibles, respetuosos, tolerantes, capaces de cooperar y trabajar en equipo, autónomos, etc… y los docentes tenemos una gran responsabilidad profesional en esa tarea.
Y ese no es el perfil deseable del ciudadano del siglo XXI, muy al contrario, la sociedad demanda ciudadanos creativos, flexibles, respetuosos, tolerantes, capaces de cooperar y trabajar en equipo, autónomos, etc… y los docentes tenemos una gran responsabilidad profesional en esa tarea.
Así, que llegados a este punto creo que el desafío está en
usar las tecnologías no simplemente como un fin en sí mismo , sino como un medio para
educar y formar personas íntegras, críticas, creativas, flexibles, respetuosas,
asertivas, proactivas, capaces de trabajar en equipo y ante todo ciudadanos, ni súbditos, ni vasallos.

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